martes, 24 de noviembre de 2015

Farmacodependiente, la otra perspectiva.

Introducción.

No cabe duda que la drogadicción siempre ha sido vista con desprecio (sobretodo el siglo pasado), y que conlleva a grandes daños a la salud tanto física como mental, y como lo comenta Verónica Guerrero en su publicación “El cerebro adicto” hoy se reconoce como una enfermedad y se sabe cómo tratarla.

La farmacodependencia es más común de lo que pensamos pues no solamente se trata de sustancias químicas (drogas) legales o ilícitas, si no también de otros comportamientos compulsivos que pueden incluir, por ejemplo, alimentación excesiva o aparatos electrónicos.

Hasta la década de los 90’s, como menciona Veronica Guerrero " las personas adictas a las drogas y al alcohol tenían una moralidad deficiente y carecían de fuerza de voluntad”, sin embargo en la actualidad, gracias a los estudios realizados sobre el tema, se han logrado descifrar los procesos químicos que se llevan a cabo en el cerebro de una persona farmacodependiente, entendiendo que el origen de su comportamiento (socialmente inaceptable) se debe a los cambios neuronales, resultado de la exposición a estas sustancias y no precisamente a una baja moral, como pudo observar en imágenes cerebrales la investigadora mexicana-estadounidense Nora Volkow, quien estudió medicina en la UNAM y es hoy directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA, por sus siglas en inglés).



La farmacodependencia ha sido catalogada por su origen orgánico como una enfermedad cerebral, crónica además debido a sus diferentes etapas e incluso como incurable.
Toda enfermedad tiene un inicio, un detonante. ¿Qué es lo que inicialmente provoca tal adicción?


¿Cómo funciona la farmacodependencia?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la drogadicción o farmacodependencia, se define como: “una necesidad de consumir dosis repetidas de la sustancia para encontrarse bien o para no sentirse mal”.
Entonces, para convertirse en una enfermedad, primeramente la persona debió exponerse a repetidas dosis de la sustancia, ¿Qué lleva a una persona a repetir una acción que sabe será perjudicial?. El doctor Rubén Baler, científico de la salud de la Oficina de Políticas Científicas del NIDA, explica que en la primera etapa las personas utilizan sustancias para alcanzar la euforia que brindan , pero este consumo de drogas se convierte muy rápido en enfermedad en quienes las utilizan en forma crónica. El cerebro empieza a adaptarse a la sustancia y aparecen los primeros signos de dependencia.
Nos explica que las zonas cerebrales afectadas son el tallo, corteza cerebral y el sistema límbico, siendo este último donde se aloja el circuito de recompensa del cerebro. Este circuito se activa cuando realizamos alguna acción que resulta benéfica para la sobrevivencia del ser humano, como lo son la alimentación o las relaciones sexuales, es por ello que resultan placenteras y por lo tanto, somos motivados a repetirlas.



En el caso de las drogas, su estructura química es muy similar a los neurotransmisores naturales en el cerebro, en especial la Dopamina que es comúnmente asociada al placer. "El cerebro está condicionado a repetir conductas que permiten la supervivencia y las drogas actúan produciendo una activación mucho mayor de la que ocurre en las situaciones naturales de recompensa", explica la doctora María Elena Medina Mora Icaza, directora del Instituto Nacional de Psiquiatría "Ramón de la Fuente Muñiz" (INPRF),. "El cerebro pierde la capacidad de sentir placer por las recompensas naturales, pues se acostumbra rápidamente a las dosis masivas de dopamina"

Es bien conocido que después de un uso continuo el organismo crea una tolerancia a la droga, y para poder obtener la misma sensación de placer es necesaria una dosis mayor cada ocasión. Posteriormente, al suprimir el uso de la sustancia o no lograr el efecto deseado, se presenta lo que conocemos como síndrome de abstinencia manifestado principalmente por ansiedad, diaforesis, insomnio, nauseas, temblores, estados psicóticos e incluso llegar a la muerte.

El poder del ambiente y “Rat Park”

La farmacodependencia es una enfermedad multifactorial y es imposible que solo un elemento contribuya al uso de estupefacientes. Según Baler, "los factores genéticos más o menos explican 40 o 60% del riesgo total. El resto son factores ambientales, sociales, culturales, dietéticos. Todo tipo de factores que no entran en el biológico" sin embargo el consumo de drogas es una decisión consciente, fuera de la inconsciencia de nuestra carga genética, y como nos dice Guerrero “el que se manifieste el comportamiento adictivo dependerá tanto de lo genético como del entorno. Así, incluso si un individuo tuviera genes que propician el comportamiento adictivo, si en su entorno no se usan drogas o si su comunidad de compañeros y amigos no las consume, será muy improbable que el individuo desarrolle adicción simplemente porque hay una interacción positiva y robusta entre la parte biológica y la parte ambiental.”

Entre 1960 y 1980, Bruce K. Alexander,  psicólogo y profesor emérito de Vancouver, BC, Canadá, realizo investigaciones sobre la psicología de la adicción para la Universidad Simon Fraser. El experimento (realizado por todo un equipo de trabajo) se realizaba con ratas de laboratorio, cada una en una jaula, donde se les daba la opción de beber agua regular o agua con heroína (en 2 botellas separadas). La mayoría de las veces, la rata prefería el agua con heroína, se obsesionaba y la seguía bebiendo hasta llegar a la muerte. Por lo tanto, llegaron a la conclusión de que las drogas eran irresistiblemente adictivas  incluso para las ratas, de igual manera para el ser humano.



Alexander se percato de un detalle, las ratas estaba en jaulas pequeñísimas, en completo confinamiento, contrario a sus semejantes en libertad que son altamente sociables, sexuales y afanosos. Pensó entonces que era como hacer lo mismo con un ser humano, así que decidió hacer una modificación al experimento junto con un grupo de colegas y crearon el “Rat Park” que es una amplia jaula donde los roedores tienen todo para vivir comodamente, ruedas de ejercicio, tuneles, lugares que trepar y escondites, otras ratas con quienes socializar, tener vida sexual y naturalmente a sus crias. De igual manera se colocaron las dos botellas con agua, una normal y otra con heroína.

Lo interesante comienza aquí, pues en Rat Park, los animalitos raramente bebieron del agua con heroína, preferían la regular. Ninguno la utilizo compulsivamente y ninguno murió por sobredosis. Pero, ¿podrá ser posible este comportamiento en el ser humano?


Durante la guerra en Vietnam aproximadamente entre el 15% y 20% de los soldados eran usuarios de heroína. Al regresas a Estados Unidos se pensaba que llegarían como adictos a esta droga, sin embargo, está documentado que solo el 5% de ellos tuvieron recaídas al regresar. El 95% restante no volvió a hacer uso de la heroína.
Las junglas en Vietnam, siendo un soldado en plena guerra es equivalente a la pequeña jaula del primer experimento, donde la opción de usar la droga suena bastante tentadora, en cambio, al estar en casa rodeado de amigos y familia, en un ambiente agradable es el equivalente al estar en el Rat Park de humanos.

Alexander afirma que el mismo comportamiento puede ser observable en muchos hechos históricos, como colonizaciones donde los nativos tras ser tomadas sus tierras se convierten al alcoholismo, grupos completos.

Conclusión
Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, buscamos hace conexiones con otras personas, estableces lazos emocionales. Cuando esta naturaleza se ve quebrantada, buscamos algo más con lo cual conectarnos, que nos haga sentir bien y si no nos encontramos en el mejor de los ambientes, es allí cuando el riesgo de una adicción es inminente, cualquier tipo de adicción como puede ser las redes sociales, pornografía, casinos y juegos de azar, compras compulsivas, el alcohol o las ya conocidas drogas.
El comportamiento del adicto afecta a todos quienes les rodean, deteriorando aun más los lazos existentes, provocando rechazo, creando un ambiente hostil, que a su vez en un círculo vicioso vuelve a dañar al usuario y le incita a continuar con su objeto de adicción, aquello que le da esa sensación de bienestar.
La mejor opción es la prevención, evitar todo aquello que provoque ambientes de tensión, hostiles, educar desde edades tempranas y promover todo aquello positivo, como dice Baler "todo lo que promueve un ambiente saludable por fuerza va a reducir el riesgo absoluto de abuso de sustancias". También menciona como importantes factores de protección el autocontrol, las relaciones positivas, supervisión y apoyo paterno, información, políticas contra el uso de drogas y la cohesión comunitaria.


Fuentes consultadas:
·         México: UNAM. Recuperado el 13/04/15, de: http://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/177/el-cerebro-adicto
·         Johann Hari (2014) “Chasing the Scream”, recuperado el 24 de noviembre de 2015 de  http://chasingthescream.com/biography/
·         Bruce K. Alexander (2010), “Addiction: The View from Rat Park” recuperado el 24 de noviembre de 2015 de http://www.brucekalexander.com/articles-speeches/rat-park/148-addiction-the-view-from-rat-park

·         In a nuttshell – Kurzgesagt (2015), “Everything we think we know about addiction is wrong” recuperado el 24 de noviembre de 2015 de https://www.youtube.com/watch?v=ao8L-0nSYzg

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